Revista celestial

Reflexiones de un embalsamador

2014, Tanatopraxia

¿Cómo una persona se convierte en embalsamador? Para Camilo Jaramillo la influencia sobre esta decisión se la atribuye a su abuelo, todos los domingos iban a escuchar a la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Antioquia, en el parque Bolívar, en la ciudad de Medellín, Colombia. Después visitaban unos viejos amigos de su abuelo don Emilio y Tulio Bentacur, dueños de una funeraria y quienes dejaron que en ese entonces el pequeño Camilo la recorriera y se fascinara con todos sus secretos.

De ahí nace el interés por el mundo funerario, siempre  presente en sus gustos y conversaciones. En su carrera universitaria y con una cierta urgencia por resolver necesidades económicas se acerca a una prestigiosa funeraria de la ciudad en donde trabajó ocasionalmente. Muchos se acercaron y le dijeron que este nuevo trabajo era adictivo; este advertencia se convirtió en profecía y Camilo ya lleva más de 20 años de carrera en el sector. Con el paso del tiempo su gusto por el embalsamiento creció, su hogar la funeraria San Vicente S.A se convirtió en su escuela.

Tuvo buenos maestros, Orlando Carmona, conocido como “Papo”, Darío Castrillón, Luis Eduardo Jiménez fueron sus guías en un mundo en el que se convive con la vida y la muerte. Camilo siguió trabajando mientras estudiaba, pasaba noches en vela, tenía turnos largos y todo valió la pena.

Estudios complementarios

El gusto no se detuvo ahí, quería saber más, conocer más y decidí emprender un viaje a Estados Unidos para perfeccionarme. Tuvo la oportunidad de estudiar en una academia de ciencias funerarias y trabajar directamente con el decano en una funeraria y conocer de su mano todos los secretos. Esta experiencia se completó cuando regresó a Colombia y decidió compartir sus conocimientos e iniciar una carrera de docente, un nuevo reto, que aunque difícil, se convierte en una oportunidad para romper paradigmas y muros mentales que existen sobre la industria.

Para Camilo, el panorama de hoy es alentador, se están borrando estigmas, el embalsamamiento está recuperando su protagonismo e importancia en el servicio funerario, hay más conciencia sobre su importancia, las empresas lo ven de forma diferente. Hay buenos profesionales, buenos alumnos, excelentes discípulos. Espera el apoyo de los dueños de las funerarias para que no permitan que se pierda este oficio, que lo valoren y no dejen que se pierda el carácter sagrado y social de esta labor.

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